Con telas de base de colores blanco y negro, como es tradicional en la confección de los tapices ibicencos, nos proponemos realizar una composición de grandes dimensiones. Para ello, comenzaremos estudiando la superficie a decorar, y dividiremos la misma, a efectos de trabajo, en dos zonas. Crearemos un paisaje de casas y árboles. Pero ambos motivos deberán ser de gran simpleza de líneas, casi infantiles.
Una vez distribuidos los espacios, y recortadas las piezas que lo ocuparán, efectuaremos pruebas hasta que la combinación de las mismas nos satisfaga. Entonces las fijaremos con alfileres. Luego bordaremos y pintaremos; repetimos, por zonas.
Como el tapiz resultante será muy amplio, para evitar que forme arrugas al ser colgado en la pared, le proporcionaremos la consistencia necesaria con un relleno plano y duro. Extendamos, pues, las telas en una mesa grande y pongamos manos a la obra.
En esta fotografía y en la siguiente aparecen las distintas piezas ya cortadas. Aquí, las de la mitad izquierda.
Estas otras piezas recortadas corresponden a la mitad derecña del futuro tapiz.
Comenzamos fijando con alfileres las piezas en la parte de la derecha. Colocamos la casa inferior.
Y ahora la casa superior, con la pieza blanca que las separa a modo de muro o tapia.
Pasamos a la zona izquierda del tapiz. Fijamos con alfileres ventana y balconada de la casa.
Añadimos el árbol, el muro de otra casa, y situamos en el lugar adecuado la figura de la mujer.
Colocamos el tejado de la casa anterior y los elementos de la otra edificación sobre aquélla.
Y finalmente situamos las piezas que faltaban en el conjunto. Efectuamos las correcciones precisas.
Colocamos luego la tira que supondrá el borde o marco del tapiz. Fijamos con alfileres.
Después, antes de bordar, hilvanamos el borde. Y, seguidamente, bordamos los contornos de todas las piezas.
Concluido el bordado, colocamos la pieza posterior del tapiz, e introducimos el relleno.
Cosemos a lo largo de todo el contorno del tapiz, sujetando con las puntadas también el relleno.
Pasamos ya a la fase de pintura. Con pinceles gruesos plasmamos las manchas vegetales, con toques precisos.
Con pinceles más finos realizamos los aspectos que exijan más detalles y líneas.
Estamos pintando en este momento el cestito de flores que lleva en su brazo la mujer.
Vamos así pintando sobre las distintas zonas del tapiz, buscando una armonía de tonos.
La frondosidad de los árboles se logra aplicando el pincel de forma perpendicular a la tela.
Efectuamos, para finalizar, los últimos retoques con colores contrastantes y pinceles finos.
, asi podemos citar la fuente, o la futura remocion de la misma.