La máscara —en general— está llena de fascinación. Pertenece, como creación, a las culturas y civilizaciones más primitivas. Todos los pueblos han usado de la máscara en un sentido o en otro, pero siempre como motivo ritual o de celebración. Las manualidades se ocupan especialmente de la máscara, desde casi todos los procedimientos. Las hay de madera, de papel maché, de corcho, de cerámica, de escayola, incluso de tela, de cartón y papel.
Nosotros proponemos en esta ocasión una máscara envuelta en cierto aire primitivo, con un encanto especial, y atrevida sin duda. Y con una técnica también muy peculiar: el papel, pero en este caso un papel determinado, el papel higiénico. Es difícil poder ofrecer un trabajo de ejecución de una máscara que resulte más sencillo que éste. Se puede comprobar con la simple contemplación del proceso fotográfico. Este tipo de papel se adapta de maravilla para un ejercicio semejante. Proponemos iniciar el diseño de la máscara sobre el rostro de la modelo; pero si alguno no se atreviera, tampoco es absolutamente preciso. Ese primer movimiento puede sustituirse por una escayola, o cualquier otro busto, incluso podría hacerse usando un plato hondo.
Contamos, además, con todas las posibilidades que descubra el propio ingenio. Sin embargo, el ejercicio está lleno de atractivo y encanto. El resultado es fantástico y tiene gracia como elemento decorativo.
Partiremos del rostro que nos servirá de modelo en la ejecución de la careta. Disolvemos la cola en agua y la aplicamos sobre el papel. Colocamos ahora el papel impregnado sobre el rostro de la modelo. Tendremos la sencilla precaución de que la capa de cola quede por la parte externa. Seguimos añadiendo nuevos trozos de papel situándolos en sentido vertical y uniéndolos a los anteriores. Añadimos también cola. Comenzamos ya a realizar pequeños orificios en la careta. En este caso abrimos el que constituirá la nariz, cuyo modelado pasamos ya a ejecutar. De nuevo aplicamos cola y seguimos colocando tiras de papel alternativamente, hasta completar una amplia superficie.
Cuando hayamos conseguido el grosor de papel deseado, procederemos a retirar la máscara del rostro que nos ha servido de modelo en el proceso.
Esperamos a que la cola seque perfectamente y con las tijeras procedemos a cortar el contorno de la máscara, que quedará lista para ser decorada. Con un lápiz pasamos a señalar los orificios que practicaremos en la careta y que corresponderán a los ojos y la boca en este caso. Con las tijeras abrimos el contorno de la boca y realizamos los pequeños orificios de apertura de los ojos de la máscara.
Abrimos ahora con una cuchilla los huecos que ocuparán los ojos ajustán-donos al dibujo trazado anteriormente. Procuramos perfilar bien. Finalizada esta parte del proceso, ponemos a calentar la cola de conejo junto al blanco de España diluido en agua hasta que esté lista la mezcla. Aplicamos, con ayuda de un pincel, la cola de conejo diluida. Este ingrediente producirá el endurecimiento necesario en el papel de la máscara.
Una vez perfectamente seca la cola de conejo, lijamos la superficie de la máscara hasta conseguir que la superficie quede lo más pulida posible. Con un lápiz pasamos a diseñar los motivos que luego representaremos en color y que darán personalidad a esta sugestiva máscara. Pasamos a aplicar los colores de acuarela sobre los trazos de lápiz. El color se aplicará por parcelas procurando no ensuciar las distintas zonas. Finalmente vamos pegando las plumas en los extremos de la máscara simulando el pelo y la barba. Para ello utilizaremos cola.
, asi podemos citar la fuente, o la futura remocion de la misma.